La Travesía de Breif

2.4-Los recuerdos del monstruo.


La mortal lluvia de flechas descendió sobre aquel hombre, pero ninguna de estas alcanzó el objetivo de asesinarlo puesto que el montículo de carne que creció de su espalda tomó forma de escudo, impidiendo la penetración de aquellas puntas de acero.
Frente suyo, Neteru chasqueaba los dientes con furia. Detrás del hombre de armadura blanca, el villano pudo ver un destello el cual en cuestión de segundos rebeló una espada que se dirigía hacia él, la portadora, una chica de cabello rojo, ojos furiosos, pecas y armadura blanca al igual que Neteru, no dudo un solo segundo al intentar cortar a Viseral con su arma, pero gracias a otro montículo de carne surgido de su brazo, pudo defenderse. Pero la cosa no terminó ahí. Una nueva oleada de flechas fue disparada mientras que la chica de cabello rojo, ojos verdes y mirada furiosa seguía atacándolo sin resultado aparente.
—Sabia que debí matarte desde antes, Neteru. —Dijo Viseral, aun atrapado por la magia de tiempo de Neteru y siendo atacado por dos flancos distintos.
—Ambos sabemos que eso no iba a pasar, no siempre fuiste así, antes el solo decir el nombre “Viseral” te hacia vomitar, pero mírate ahora. —Dijo Neteru, de una forma que más parecía un escupitajo de palabras— ¡No eres ni la sombra de quien eras! Pero aun así te crees con el derecho de gobernar sobre todos nosotros, no solo a nuestro reino, sino a todos los demás hombres y mujeres de este mundo.
— ¡Claro que tengo el derecho! ¡Excremento insolente! No por nada soy un dios. —Gritó Viseral—.
La masa de carne que brotaba del cuerpo de Viseral se expandió repentinamente, cubriendo todo su cuerpo en un abrir y cerrar de ojos, la piel de su cuerpo se cayó en tiras, su ropa se desintegro a causa de la sangre acida que brotaba de la carne al descubierto de ese hombre. Los músculos de todo su cuerpo empezaron a creer desproporcionadamente, algunos formaron grandes y duros tentáculos, mientras otros formaban extremidades como manos, piernas o colas. Pronto, la enorme masa irregular de carne parecía haber alcanzado unos treinta metros, de ella lo único distinguible eran los tentáculos y extremidades, el resto de su cuerpo se debatía entre musculo supurante de acido y bocas que se formaban a gran velocidad y plagaban cada lugar libre que encontraban. Estas se abrieron y un gas venenoso comenzó a brotar de inmediato, este era muchísimo más toxico que la habitual niebla toxica que rodeaba la ciudad, por lo tanto en ese mismo instante la lluvia de flechas que no dejaba de caer sobre él se detuvo, y fue seguida por los gritos de agonía de los arqueros que la disparaban, aunque estos no duraron mucho ya que el sonido de varios cuerpos cayendo a gran altura tomo su lugar, al cabo de unos minutos todos esos ruidos cesaron, todos los arqueros habían muerto por el veneno.
La chica pelirroja, de metro ochenta, con ojos verdes esmeraldas, mirada iracunda, nariz gruesa, labios grandes, cuerpo delgado protegido con esa armadura blanca decorada con pinturas verdes, semejantes a los bosques de verano, y ese poderosa espada de color blanco perlado que despedía energía color esmeralda, se vio afectada por la enorme nube toxica pero al igual que Neteru, no retrocedió ni se dejó vencer por el veneno, por lo contrario, luego de unos segundos se encontraba completamente adaptada a ese mortal gas.
La enorme masa profana se volvió demasiado grande y poderosa como para que Neteru pudiera seguir conteniéndola por más tiempo, por eso mismo Viseral logró liberarse de la atadura de tiempo inicial que su enemigo había puesto para inmovilizarlo. Pero eso no fue la solución a los problemas del villano; un grupo de magos vestidos con largas túnicas aparecieron entre la densa niebla toxica, ellos sacaron libros de un tamaño considerable de entre sus vestimentas, luego con una velocidad de pronunciación temible, recitaron un hechizo conjunto y al unisonó. Al terminar, sombras salieron de ellos y atraparon a Viseral nuevamente en una prisión de la que tenía pocas chances de escapar.
Neteru, quien ya podía moverse al haber sido cortada la atadura que había puesto sobre el villano, se puso junto a la chica pelirroja, entre los dos cargaron contra la inmovilizada y amorfa masa en la que se había convertido su enemigo, pero por más profundo que las espadas cortaban, la carne se regeneraba a muchísima velocidad, y la sangre acida que salpicaba ese ente putrefacto al ser herido derretía las armas y armaduras de los dos caballeros.
Por su lado Viseral escupió –por alguna de las centenas de bocas que tenía frente a los magos de túnica– una gran cantidad de ácido , pero este cuando estaba por caer sobre los magos y derretirlos hasta que no quedara existencia de estos, fue neutralizado y convertido en agua. Un mago ubicado al centro de esa formación pingüino, se sacó la túnica luego de eso, rebelándose ante la gran y amorfa masa; era una mujer, de un metro sesenta aproximadamente, con el cabello azul, un rostro precioso con ojos de color azulado como el cielo sobre el mar, una mirada muy calmada pero severa al mismo tiempo, labios pequeños, pecas en sus mejillas, cuerpo aparentemente voluptuoso, vestida con una armadura ligera que cubría el área del pecho, muslos, pantorrilla, brazos y cuello, con el resto de lugares cubiertos por cuero, cota de malla y una capa azul que no cubría su espalda si no la mitad derecha de su cuerpo. Ella llevaba un gran libro negro en sus manos, lo que indicaba, junto a sus pupilas, anormalmente violetas, que era una usuaria de magia profana, al igual que el resto de magos que lo ataban.
El cabello azul de esa muchacha maga despertó un profundo recuerdo en la mente de Viseral. La masa amorfa ceso todo su movimiento, Neteru y las dos chicas dejaron de atacarla, pero los magos no por eso cesaron la atadura.
Luego de unos segundos, un ojo se abrió en uno de los lugares vacios que quedaba en el cuerpo de esa masa amorfa, todos se pusieron en guardia pero para la sorpresa de los presentes, de este ojo solamente brotaron… lágrimas.


¿Una promesa?
Creo que sí, hice una promesa. Pero… ¿A quién?
¿Qué ocurrió con la guerra? ¿Dónde están mis amigos? ¿Dónde estoy yo?
En el interior de la sala principal del castillo, Gilgamesh me esperaba sentado en su trono de oro, trono manchado con la sangre de millones de inocentes. Me acerque a él, arrojándole a sus pies el cadáver del mejor de sus soldados. Él me miro con rabia pero al mismo tiempo admiración, después de todo es mi hermano, ambos tenemos esa pasión por encontrar rivales dignos, aunque la suya lo llevo a ser un emperador manchado por la sangre y la codicia, y a mí a convertirme en un verdadero monstruo.
¡Ah, qué gran tragedia, los hermanos caídos en desgracia! ¡¿Qué será de la familia si los hermanos se vuelven los unos contra los otros?!
Supongo que no tengo más opción que frenar tu desenfreno hermano, antes de que esa codicia tuya lastime  más vidas. Te derrotaré, te mataré, así como maté a los héroes corruptos de los que tanto te enorgullecías, así como matare a los dragones que tanto corrompen a nuestra querida humanidad.
Yo limpiaré este podrido y codicioso mundo, esa es la promesa que le hice.

No, estos recuerdos, estos sentimientos, no son míos. Pero, a pesar de que se que no soy yo, ¿Por qué siento como si lo fuera? Puedo sentir las emociones de ese hombre, su ira, su tristeza, su cada vez más inexistente cordura, puedo sentir el abismal frio que recorre su piel pero, él no soy yo.
Entonces ¿Quién soy yo?

Humanos ¿no? Los habitantes de ese planeta en los confines del universo, el lugar donde fui a caer luego de ser expulsada del centro, luego de que fui expulsado por los dioses que por primera vez tuvieron miedo de algo.
¿Cuántos años di vueltas alrededor del espacio? ¿Cuántos años permanecí encerrado? ¿Cuánto tiempo llevo siendo uno con este humano?
No lo sé, hace tiempo perdí sentido de mi propia existencia, en primer lugar, nunca llegue a comprender exactamente porque existo.
¿Qué es este sentimiento que recorre mis células? Definitivamente no es mío, nunca antes había sentido esto, estoy seguro que esos dioses tampoco habían sentido algo similar en el pasado, entonces ¿Por qué siento esto ahora que soy uno con este humano?
“Venganza” así lo llama él, un sentimiento tan poderoso como para rechazar todo lo que lo hacía humano, como para volverse uno con una deidad profana, un sentimiento tan poderoso como para no parar hasta que la pila de cadáveres a su espalda alcance el centro del universo, donde radican mis ex compañeros.
Pero ¿Por qué siento que estos sentimientos ahora me pertenecen? ¿Qué es este odio creciendo en mí ser? “Venganza” una palabra pronunciada con un órgano bucal primitivo como el de los humanos, pero al mismo tiempo, complejo como las leyes mismas de la vida.
“Venganza”
¿Yo soy “venganza”?
Tal vez, deba usar esa pila de cadáveres para llevar a cabo mi propia “venganza”.


No… ese tampoco soy yo. Yo no busco la venganza, nunca la busqué, incluso luego de perderlo todo, nunca quise vengarme, lo que quería era libertad, quería cumplir mi propósito… propósito… tengo uno ¿Verdad? ¿Dónde está mi propósito? ¿Dónde estoy yo?
—Breif, Breif despierta, llevas cinco horas durmiendo, mis piernas duelen ya —Una angelical voz entraba por mis oídos—.
¿Estaré soñando? De repente dejé de sentir el frio atroz que me invadía desde hace mucho, me siento cálido, como si las llamas recubrieran mi cuerpo nuevamente.
—Vamos Breif, les prometiste que volverías ¿Recuerdas? Ellos te están esperando. ¡Ah sí! Tampoco olvides la promesa que me hiciste ¿Bien? Después de todo, pronto serás llamado papá.
¿Una promesa? ¿Dos promesas? ¿Papá? Si, les dije a esos tres que volvería, le dije a ella que la amaría para toda mi vida, y le susurre a ese niño que estaría orgulloso de su padre. Pero ¿Quién es su padre? ¿Quién soy yo?







…. ¿Yo soy Breif?...


— ¡¿Neteru?! ¡¿Qué sucede con Viseral?! —Preguntó la pelirroja a gritos—.
—Perdió el control —Murmuraba Neteru mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro— ¡Perdió el control! ¡Stella! ¡Es tu turno!
La masa de carne empezó a desmoronarse, este colapso no podía ser evitado por la jaula de los magos, por tal motivo decidieron soltar el hechizo y alejarse.
Toda la amorfa carne y tentáculos se desprendió del cuerpo de Viseral, dejando al descubierto una figura humana, un hombre de aproximadamente unos veinticinco años, rubio de cabello largo, cara ancha y mirada seria. Se encontraba desnudo del torso hacia arriba, lo que permitió ver como un ser parecido a un insecto estaba luchando por aferrarse a la columna espinal del hombre rubio, clavando sus afiladas garras en la columna, brazos, piernas y abdomen del chico pero aun así parecía que no podía unirse a él completamente.
La hechicera del cabello azul corrió directamente al hombre rubio, atrás de ella, Neteru y la pelirroja gritaban:
— ¡Stella! La larva está en su espalda, el despertar de Breif hizo que perdiera el control sobre su mente, tienes que atacarla para hacer que suelte su cuerpo. ¡Es la única forma de traerlo devuelta!
Stella tiró lejos su libro de hechizo, se sus manos surgieron garras grandes, agudas y filosas, cargó contra la larva pero esta atacó con un tentáculo para mantenerla a distancia.
 Sin importar cuánto Stella trataba de romper la guardia de tentáculos de la masa de carne, esta se defendía en todas las ocasiones y hasta contra atacaba. Al cabo de pocos segundos, Stella se quedó sin garras, en ese momento, la larva estiró un tentáculo a una velocidad de vértigo, cortando el brazo izquierdo de la mujer.
La pobre Stella cayó al suelo mientras tapaba su sangrante herida con su mano derecha, en el momento que la larva levanto sus tentáculos para dar el golpe final, la sangre de Stella se volvió azul, esta rodeo el corte completamente, el musculo comenzó a crecer sobre el liquido a una velocidad increíble, la nueva extremidad iba acorde con sus medidas corporales pero estaba lejos de ser un brazo humano: Garras aun más grandes que las anteriores, cuatro dedos largos y robustos, escamas azuladas y duras espinas conformaban todo su brazo izquierdo ahora reconstruido. La larva cesó su ataque y pasó a posición defensiva usando cuatro tentáculos. Stella cargó y de un solo zarpaso corto los apéndices defensivos de la larva, pero cuando estaba a punto de atravesar el cuerpo principal, esta libero un terrible veneno que obligo a Stella a retroceder de inmediato.
La larva estaba a una distancia de tres metros de Stella, pero aun así se encontraba acorralada por un rival formidable y sin el apoyo del cuerpo que estaba poseyendo. En ese preciso instante, el pobre y desgraciado humano que había caído ante sus garras recuperó parcialmente la movilidad de su cuerpo.
El hombre rubio movió pesadamente los brazos, la movilidad no era suficiente para luchar, trato de mover su cabeza pero lo único que consiguió fue dirigir la mirada al frente. En ese momento, los ojos esmeralda del hombre rubio y las hermosas pupilas violeta de Stella se encontraron, la energía que fluyo solo por el contacto de su mirada no puede ser descrita con simples palabras, pero a los pocos segundos, lagrimas empezaron a brotar de los ojos de ambos, mientras amplias sonrisas se dibujaban en sus rostros.
—Breif… —Dijo Stella mientras caía de rodillas en el suelo con lágrimas en su angelical rostro—.
Un enorme grito surgió de los pulmones del rubio, junto a esto todo su cuerpo se envolvió en un manto de fuego abrazador, la larva apenas podía mantenerse enganchada en la columna del rubio, pero el fuego en si era tan poderoso que derretía la piedra sobre la que estaban de pie, todos se vieron obligados a retroceder; un halcón hecho de fuego, un elemental de fuego surgió de las llamas y voló en dirección al sureste, lejos de la batalla. Una vez este elemental se alejó, el rubio gritó:
— ¡Mi nombre es Breif! ¡El flameante estandarte de la libertad! ¡No creas que te dejare cumplir tus planes tan fácilmente, larva del caos! Aunque ahora me hagas llamar con ese asqueroso nombre de Viseral, aunque no posea el poder suficiente para librarme de esta atadura, quiero que sepas que no te haré las cosas simples, larva del caos, a tu lista de enemigos se suma uno más, uno al que usas como cuerpo, seré tu peor enemigo —Dijo Breif, mientras vomitaba sangre repentinamente—.
Las heroicas palabras de Breif, el héroe venido en desgracia, resonaron con el inmenso e infernal calor de sus llamas, pero la larva enterró aun más sus apéndices en su columna, poco a poco volvió a pegarse al cuerpo de Breif, estableciendo su control nuevamente. Pero aprovechando el poco tiempo que le quedaba de rebeldía, Breif miró a Stella por última vez, y le dijo unas últimas palabras antes de volver al abismal que es la mente de la larva.
—Stella, espérame —Dijo Breif mientras iba perdiendo su conciencia lentamente—.
—Lo hare Breif, es una promesa —Respondió Stella mientras volvía a ponerse en guardia—.
Las llamas de Breif cambiaron de color, pasaron del carmesí más intenso a un abismal negro, nuevamente, Viseral había tomado el control.
El fuego negro se dispersó, nuevamente el hombre rubio de aspecto mayor y con esa cara serena se rebeló ante todos, pero esta vez tenía el cuerpo recubierto por escamas duras y negras, junto con tentáculos que salían de su cintura, estos tenían forma de cola y estaban entrelazados.
Tanto Neteru como las caballeras se pusieron en guardia nuevamente, los hechiceros entraron en escena pero al instante fueron consumidos por el abismal fuego de Viseral, el cual invoco solo al mirarlos.
—Basta de juegos ¿No? —Dijo Viseral, mientras miraba a los tres sobrevivientes—.
Tomando su espada curva, Viseral cortó su propia cabeza de un tajo, cayendo re rodillas al suelo, pero de esa herida una abismal y profana energía broto a montones, tentáculos salieron del corte y el cuerpo entero de Viseral comenzó a deformarse.
Rodeado por millares de tentáculos, el cuerpo de Viseral se agrando hasta los cincuenta metros, pero en lugar de tomar una forma irregular como su anterior transformación, los tentáculos moldearon el cuerpo de otra manera, un enorme dragón de dos colas y seis pares de alas fue el resultado de su transformación, tan alto como una montaña y tan largo como una ciudad, el dragón profano de escamas negras tenía un cuerpo delgado, extremidades robustas y alas kilométricas, sus colas eran tan anchas como el área que ocupaba el antiguo castillo del rey Gilgamesh, y su cabeza era tan grande como una ciudad pequeña, con enormes colmillos sobresaliendo de esta, ojos desalmados, cornamenta en la parte de atrás del cráneo y tentáculos enormes brotando de su barbilla, el dragón profano en el que se convirtió Viseral realmente era temible.
La gran bestia abrió su enorme hocico, preparándose para lanzar su fuego negro y destruir por completo la ciudad imperial y a esos tres desgraciados que se interponían en su camino, pero en ese momento recibió ocho ataques de distintas direcciones, lo que hizo que se desconcentrara.
Ocho enormes bestias –aunque de menor tamaño que Viseral– se colocaron entre Neteru y las caballeras y el enorme dragón negro. Neteru, dio un paso adelante y gritó con gran valor frente a la colosal bestia:
—Vamos desgraciado, entrenamos veinte largos años para esto, ellos son la última esperanza de nuestro reino, la última esperanza de los dragones a los cual mataste. Ellos son ¡los diez caballeros dragón!
Las ocho bestias y las dos caballeras gritaron al unísono, poniendo alto sus voces contra el invencible muro de Viseral, el más poderoso de los villanos.


Cáp. 2.5: ¿?


Att: Black Argon (todos los derehcos reservados)
                                                                                 (Novela disponible en Tumanga Online) 

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