La Travesía de Breif

2-Estrategia de Escondidas.

Las cortinas cerradas dejaban pasar los rayos del sol matutino que iluminaban aquella fría habitación con paredes de piedra tallada. Un manto de plumas de cuervo negro estaba tirado en el suelo y una armadura plateada junto con una gran espada de hoja curva, cuyo acero era negro como el vació abismal, brillaban al ser chocados por los rayos de luz solar antes mencionados. La chimenea incrustada en la pared se encontraba apagada, lo que le daba la oportunidad al frío, del invierno eterno, de infiltrarse al interior atreves de las grietas en las paredes.
Enfrentada a la chimenea había una cama de tamaño medio, hecha con madera de roble, colchón de plumas y cobijas hechas de pieles de distintos animales. Dentro de esta parecía haber una persona.
— ¡Ah! —Gritó mientras se levantaba de un salto— Otra vez, estoy recordando cosas viejas.
El hombre rubio, blanco y alto salió desnudo de la cama, tomó un poco de la ropa que estaba tirada en el suelo y salió de la habitación en dirección al baño sauna destinado al uso del dueño original del castillo.
La habitación de ese hombre era la habitación principal en la torre del homenaje, la principal y más segura del castillo. Pero el mismo sacó los tablones de madera lustrada que cubrían la piedra de la pared. Todo el resto de las habitaciones del torreón y el castillo si las tenían.
Luego del baño el hombre rubio se vistió su armadura, tomó su espada y colocándosela a la cintura fue al castillo menor, ubicado entre el patio de armas y la muralla interior y además es el lugar donde los niños son adoctrinados y entrenados por los homúnculos.
Las murallas internas del castillo estaban cubiertas de una fina capa de hielo y la roca se veía bastante erosionada por las adversas condiciones a las que la edificación estaba constantemente sometida debido a la ubicación del mismo.
Por su lado el castillo menor presentaba una construcción solida y estaba especialmente hecha para albergar a los niños y homúnculos además disponía de aulas un comedor, baños, duchas, un salón de reuniones y el acceso al patio menor, ubicado entre el castillo menor y las murallas exteriores, donde se podían llevar a cabo los entrenamientos de combate.
El hombre rubio del manto de plumas de cuervos mando a llamar a los homúnculos que estaban encargados del adoctrinamiento de los niños, mientras él se dirigió a la sala de reuniones a esperar a que los tres llegaran, lo cual no fue mucho tiempo.
—Mi señor Viseral ¿A qué debo el honor de ser llamado a su presencia?
El primero de ellos, un hombre de gran porte –unos dos metros- cuerpo robusto, barba igual de robusta, ojos severos y cabello negro y bien peinado con línea al medio. Vestido con una armadura ligera en el pecho y hombros -y aparentemente practica para moverse- acompañado por botas de cuero hasta las rodillas y guantes negros en las manos, entró caminando con gran respeto hacia el hombre rubio, quien estaba sentado en un pequeño trono en el centro de la habitación.
—Es obvio que quiere encargarnos algo ¿Verdad mi amo?
Desde lo alto, una voz femenina resonó entre las paredes. Colgando de un hilo fino, pero a simple vista fuerte como el acero de la espada del hombre rubio, una enorme mujer con la mitad inferior del cuerpo como la de una araña descendió hasta estar a unos cuatro metros del suelo, punto donde cortó la seda que salía de la parte trasera de su abdomen. La gran mujer cayó elegantemente sobre sus ocho alargadas y negras patas. Ella no vestía nada en su abdomen ni patas, puesto que estas estaban recubiertas por un fuerte y áspero exoesqueleto de tonos oscuros, mayormente violeta y negro. Mientras, desde su cintura humana hasta sus hombros llevaba una plateada armadura de placas sobrepuestas. Sus delgados y elegantes brazos estaban cubiertos por una armadura que solo cubría desde sus muñecas hasta sus antebrazos. Su rostro era como el de cualquier humana, sus labios presentaban un tono rojizo y un tamaño normal, su piel pálida tenía una apariencia tersa, sus ojos color violeta le daban a su mirada un tono encantador pero al mismo tiempo, peligroso. Mientras su cabello era corto, hasta los hombros y de color negro y sedoso.
—Veo que los dos están aquí, llegaron rápido —Dijo el rubio al ver a sus dos homúnculos ante él— Escuchen, tengo que viajar a la capital para hablar con el Rey Kio. El resto de ustedes deberían regresar en unos pocos meses con la información que les mandé a recolectar. Necesito que ustedes protejan este lugar y preparen a los niños para el combate. Una vez regrese nos los llevaremos al reino Satar, tenemos que conseguir ese artefacto.  
—Entendido mi señor Viseral —Dijo el hombre robusto hincando una rodilla en el suelo—.

—No esperaba menos de ti, Vigladio —Dijo Viseral, mientras ordenaba a Vigladio a ponerse de pie— Enchantria ¿analizaste la sangre del chico nuevo?
—Si mi señor, tal como usted pensaba hay rastros de un pacto disueltos en su sangre. Ese niño debe ser la sexta o séptima generación desde el contrato, el poder de dragón estaba muy disuelto en su sangre, pero definitivamente estaba ahí. No tengo idea de qué tipo de magia manifestara gracias a esto, tampoco estoy segura si será capaz de manifestarla tan siquiera, pero eso lo sabremos con el tiempo —Dijo la mujer araña mientras se cruzaba de brazos—.
—Lo sabía, ese chico no solamente tiene un alto sentido de justicia y empatía, si no que puede tener acceso a la magia de dragón. Quisiera saber cuál de sus antepasados fue el que hizo el pacto, si dices que es la sexta o séptima generación entonces definitivamente lo maté cuando purgué este mundo de los héroes y levanté el invierno eterno hace unos doscientos años —Dijo Visceral mientras ponía el puño en la empuñadura de su espada curva—.
—Ese chico, es muy cobarde. Desde que llegaron acá hace cuatro días solo salió de su habitación para comer e ir al baño. Hoy por la tarde dará inicio la primera lección. Estoy ansioso por romper a ese muchacho.
—Hablando de eso, Vigladio ¿Qué tienes preparado para la primera lección de esos niños?
—A diferencia de las otras ocasiones esta vez hay más mocosos que de costumbre. Por tal motivo decidí enviarlos al coliseo para que los saltacampos se encarguen de “limpiar” un poco.
—Los saltacampos eh…
Viseral se quedó en silencio por unos minutos mientras miraba un punto fijo en la pared del fondo. Al poco tiempo volvió a hablar.
—Enchantria si el niño no manifiesta su magia contra el saltacampos entonces dale un mes más. Si después de eso no ocurre nada entonces tendrás que obligarlo.
—Entendido amo.
—Es hora de que me vaya, no volveré pronto así que ustedes quedan a cargo.
— ¡Si señor! —Dijeron ambos al unisonó—.
Luego de oír la respuesta de sus subordinados de confianza salió por la puerta principal, rumbo al carruaje al pie del enorme pico del muerto donde el castillo estaba ubicado.
—Enchantria ¿Cómo se llama el muchacho?
—Creo que su nombre es Breif.
—Demos la bienvenida a Breif, la bienvenida al mundo real.


Breif estaba encerrado en su recamara en el castillo menor, por el momento era el único ocupante de esa habitación con cuatro camas. Él no podía dejar de recordar el momento en que ese hombre rubio lo secuestro, como su madre y su padre habían muerto cortados por la espada de ese sujeto, y como muchas otras personas a las cuales había visto en ese castillo habían matado a todos los habitantes de su aldea y la habían incendiado. A pesar de que fue testigo de cómo su aldea y su familia eran masacradas, Breif tenía tanto miedo del poder de ese hombre rubio y del resto de personas que atacaron su aldea que era incapaz de pensar en vengarse. Lo único razonable a lo que su cordura se aferraba es a su poderoso deseo de vivir a como dé lugar.
Interrumpiendo su meditación y sufrimiento, un joven de aproximadamente quince años interrumpió en su habitación, el vestía varias capas de ropa de cuero curtido y pieles de animales que Breif no conocía. Ese fiero joven entró en la habitación y sacó de la cama a Breif por la fuerza, tirándolo al suelo.
—Arriba inútil, el señor Vigladio quiere que todos se reúnan en el coliseo, sal al pasillo y sigue al grupo si no quieres ser comida para los ángeles de carroña —Dijo el muy agresivo joven—
Breif no respondió, simplemente se puso de pie y salió de la habitación. Fuera, en el pasillo, un grupo de chicos de su edad y de un estado mental igual o peor al suyo, caminaban en dirección desconocida mientras eran supervisados por más chicos como el que lo saco violentamente de la cama. El joven niño siguió al lento y torturado grupo de jóvenes hasta un túnel cavado en la dura piedra de la montaña. Los que lideraban el grupo dudaron si debían seguir avanzando o no, pero los supervisores inmediatamente los hicieron seguir la marcha a punta de gritos. Del otro lado del pasadizo de piedra había una enorme estructura ovalada, construida directamente en la ladera de la montaña. Todo el grupo entro al lugar al que llamaban “el coliseo”. Dentro dos figuras los esperaban, una a cada extremo de las tribunas que rodeaban a la arena de batalla. Estas figuras se pusieron de pie, y cuando todo el grupo estuvo finalmente dentro les dieron unas palabras.
— ¡Bienvenidos al pico de Notera, la montaña más alta y hostil de este continente! —Dijo el que estaba en las tribunas del lado derecho, un hombre corpulento y extremadamente alto—.
— Ustedes serán adoctrinados en este lugar, se les inculcara las verdaderas emociones humanas y se les castigara cada vez que demuestren algún sentimiento por otros —Dijo la que estaba a la izquierda, una enorme mujer araña—
—Como primera clase del adoctrinamiento, deberán demostrar que valoran sus vidas sobre las de los demás —Dijo el hombre robusto—.
Vigladio dio un salto desde las tribunas hasta la arena, donde se notó la diferencia de altura que había entre ese mastodonte y los niños de diez y quince años.
Aquel enorme hombre dio orden a los guías de sentarse en las tribunas, mientras inspeccionó visualmente a todos los niños que iban a ser adoctrinados, pero sus ojos se posaron inmediatamente en un niño pequeño, de cabello marrón, piel blanca y con pecas, ojos decaídos y mirada sombría, vestido entre las pieles que se les repartió todos al llegar al castillo. Vigladio se abrió paso hacia ese niño y le dijo:
— ¿Eres Breif verdad? El niño que el amo Viseral trajo personalmente.
Breif miró a los ojos a ese enorme hombre, pero no respondió a su pregunta y desvió la mirada.
—Estupendo, tú, Breif y ustedes dos serán los primeros —dijo mientras señalaba a un niño de pelo rubio y una niña pelirroja— Quédense acá ustedes tres, el resto suban a las gradas.
Los tres niños se quedaron solos en la arena, el rubio y la pelirroja se miraban asustados y confundidos, Breif por su lado no podía dejar de ver la reja en la pared de la arena, algo parecía verlos desde ahí.
— ¡Suban la reja! —Gritó la mujer araña—
La pesada reja de metal subió muy ruidosamente, la niña pelirroja que estaba delante de ella, de un segundo a otro vomitó sangre mientras la parte superior de su cuerpo se caía, separándose de su cintura y piernas.
Breif entro en shock por la grotesca escena, además en el segundo en que la reja se abrió le pareció ver una sombra pasar a toda velocidad, luego de ver el cadáver partido en dos de la niña, Breif instintivamente observó la pared opuesta a la reja, pegada esta había un insecto del tamaño de una persona de estatura media, con grandes y robustas patas traseras, una mandíbula poderosa repleta de dientes que se veían tan duros como el acero, ojos grandes y sobre todo, alas extendidas, las cuales tenían un caparazón afilado en los lados, una de las alas de este enorme insecto estaba cubierta de sangre. El terrorífico ser miró a Breif y profirió un espantoso alarido.
— ¡Sangre, lagrimas y dolor! ¡El nacimiento de un humano! —Gritó extasiada la mujer araña—
Mientras los niños gritaban asustados, y los guías se reían burlándose, el saltacampos se preparaba para volver a saltar.

Cáp. 1.2: "Desastre"

Att: Black Argon (todos los derehcos reservados)
(Novela disponible en Tumanga Online)

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