La Travesía de Breif

2.2-Eres tú o él.

El letal saltacampos saltó nuevamente, Breif reaccionó antes de tiempo saliendo de su trayectoria, lo que le salvó la vida por solo un segundo. Al aterrizar el saltacampos fijó su atención en el cadáver que yacía tirado en dos mitades en el medio de la arena. Esta vez sin saltar, levantó las alas duras de su espalda y empezó a aletear hasta dicho cuerpo. Una vez allí con sus fuertes mandíbulas se decidió a devorarlo, haciendo que por todo el coliseo el sonido de la carne desgarrada y los huesos molidos se escuche como un sonido de muerte y desesperanza.
Los dos niños se alejaron del centro y de ellos mismos, cada uno en la pared contraria buscaban una manera de salir y de ingresar a la seguridad de las gradas. Pero ese no era el plan de Vigladio, quien sin previo aviso lanzó una daga a la arena, esta cayó cerca del lugar donde el peligroso insecto se estaba alimentando.
—Ya que el saltacampos está entretenido, les daré una oportunidad. Usen ese cuchillo para matar al otro, el que sobreviva podrá salir.
Breif miró el cuchillo desde lejos, ya que esté estaba más cerca del lado del rubio que del suyo.
A pesar de que ninguno de los dos muchachos parecía querer hacer usarlo, el cada vez menos escaso alimento del saltacampos marcaba un reloj de arena fatal, que de un segundo a otro, podría desencadenar la muerte de cualquiera de los dos a manos de esta horrible criatura por lo que el ambiente estaba repleto de tensión, horror, miedo, sadismo y un espantoso olor a sangre.
El chico rubio al ver que solo las piernas de las niñas los separaban de una muerte espantosa, corrió hacia el cuchillo con la cabeza gacha, desde su posición Breif podía ver como el niño tenía las cejas completamente arrugada, como corría un hilo de sangre desde su labio inferior al estar mordiéndoselo con los dientes, posiblemente a causa de los nervios y además como lagrimas de culpabilidad salían de sus ojos.
—Ella era la única persona que me quedaba, era la única sobreviviente de mi aldea ¡Era la última luz de mi vida! ¡Y ahora no es más que comida de insecto! —Dijo el rubio mientras corría—.
Breif, temiendo lo peor, agarró una roca que estaba entre la arena. El rubio con gran destreza tomó la daga pero para sorpresa de todos no cargó hacia Breif, si no que apuñaló uno de los grandes ojos compuestos del insecto mientras este aun estaba ocupado comiendo.
La criatura profirió un gran alarido lleno de dolor mientras rápidamente retrocedía confundida por el repentino ataque, su gran ojo había quedado completamente inservible, pero el instinto de supervivencia del animal se activó, superada la confusión plantó cara al joven del cuchillo, el cual habiendo visto la anticipación previa de Breif, logró anticipar el salto y esquivarlo oportunamente. Pero ahora la gran distancia que lo separaba del insecto volvía a colocarlo en peligro.
— ¡Oye tu! ¡Trata de darle en las piernas con esa roca! ¡Juntos podemos matarlo! —Gritó el niño rubio tratando de alentar a Breif— ¡No te quedes ahí sin hacer nada! ¡Vamos! ¡O los dos moriremos!
Breif sujetó fuertemente la piedra mientras veía como el saltacampos se preparaba para volver a saltar y como el chico rubio se ponía de cuclillas en la arena, preparándose para predecir el salto.
Una helada ráfaga de viento sopló prediciendo el accionar del saltacampos, el cual saltó fugaz en dirección al rubio, quien desafortunadamente no reaccionó lo suficientemente rápido.
— ¡Agh!
El brazo derecho del joven fue cortado en la articulación del codo, una gran cantidad de sangre manaba de la herida recién abierta, al mismo tiempo la sangre caliente al contacto con el frio ambiente generó una explosión de vapor que fue acompaña de los gritos agónicos del joven que luchaba su vida.
Breif miraba desde su rincón, con ojos que se hacían pasar por serios, pero que en realidad estaban aterrados por el impacto de ver tal crueldad. Vigladio y Enchantria desde las tribunas reían complacidos aunque algo nerviosos. El resto de los niños recién llegados estaban o muy asustados para llorar o lo suficientemente asustados como para romper en un llanto desesperado. Por otro lado los reclutas apostaban dinero sobre cual parte del cuerpo sería la siguiente que perdería el joven valiente que se disputaba un duelo de saltos contra la muerte acorazada.
La enorme cantidad de presión del ambiente generó gran malestar en Breif quien terminó colapsando en el suelo, vomitando y maldiciéndose a sí mismo para sus adentros.
El joven rubio quien no podía reincorporarse a causa del dolor vio a Breif caer sobre la arena, a pesar de que no tenía confianza en él desde un principio, trataba de convencerse de que con, su ayuda, podían salir de esa desgarradora situación. Pero ahora todo parecía perdido.
«Breif, tu mataste a tu aldea, todos murieron a causa de tu compasión, de esos asquerosos sentimientos que tuviste la desdicha de mostrar frente a mí. Cúlpate, tu eres el verdugo de todos los que amabas» Breif no podía dejar de recordar las palabras que Visceral le dijo al salir de la aldea en llamas.
« ¿Y si tiene razón? ¿Si de verdad soy yo el culpable? ¿Cómo puedo ayudar a este chico? Lo más seguro es que su destino, junto al mío, ya estuvieran sellados a la muerte incluso desde antes de poner un pie acá. No puedo serle de ayuda, no puedo volver a matar a alguien a causa de hacer lo correcto, simplemente no puedo. Pero al mismo tiempo, no puedo evitar sentir en mi una ardiente llama que se rehúsa con todas sus fuerzas a dejarnos morir»
Un fuerte crujido sacó a Breif de sus pensamientos y calló los llantos de dolor del joven rubio, el sonido provenía del saltacampos: La dura coraza de sus patas se estaba rompiendo en pedazos, el suave tejido muscular del animal estaba totalmente expuesto, esto ocurrió debido a los fuertes impactos del animal contra la dura roca del muro, su exoesqueleto no pudo soportar más de ese castigo.
—Breif —Dijo el rubio mientras se esforzaba en hablar— Sé porque estas acá, sé porque todos nosotros fuimos arrastrados a este infierno, entiendo que tengas miedo, entiendo que las palabras de ese monstruo se hayan clavado hasta lo más profundo de tu existencia porque también es mi caso. Mi mejor amiga murió ante mis ojos a causa de los estúpidos ideales de esa bestia que nos arrastro acá. Tienes que romper las patas de esa bestia, no lo hagas por ayudarme, hazlo por ti y por el peso de las vidas que cargas a tu espalda. Para que algún día seas capaz de vengarlas.
El feroz insecto se acercó, a una velocidad mucho más lenta que la usual, al cuerpo del rubio, con clara intención de reclamar su presa. Breif por su lado decidió hacer caso a ese valiente joven, tiró la piedra con todas sus fuerzas, repitiéndose para sí mismo «No lo hago por él ¡Lo hago por mi!»
La piedra impacto a gran velocidad contra la articulación de las patas del saltacampos, rompiéndolas por completo. El animal había quedado lo suficientemente cerca del rubio como para que este asestara el golpe final al insecto, apuñalándolo desde debajo de la mandíbula hasta que la punta de la daga atravesó su cabeza.
El insecto gritó por última vez antes de caer rendido en el suelo. El valiente chico que le asestó el golpe final a la bestia también se desplomó de espaldas, soltando la daga para usar su mano para obstruir la pérdida de sangre de su brazo cortado.
Breif por su parte se sentía eufórico, por un momento esa sombra siniestra que nublaba sus decisiones desapareció, permitiéndole hacer las cosas que realmente tenía que hacer, aunque en el fondo se sentía un poco mal por encontrar la salida en una respuesta tan egoísta. Para compensarlo corrió hacia es desmayado rubio, Breif hábilmente rompió una pieza de su ropa y la ató duramente en su herida. Luego lo tomó por la cintura y colocó el brazo bueno del chico alrededor de su cuello. Ya cuando estaban de pie, Breif se paró frente a Vigladio, quien observaba desde las alturas y le dijo:
—Lo que mencionaste antes, ¡cúmplelo!                                                       
Antes de agregar la regla de “maten al otro con ese cuchillo y el que quede vivo saldrá” Vigladio les había dicho que el ultimo en sobrevivir saldría o podrían hacerlo los tres si es que lograban asesinar al saltacampos.
—Podré ser todo lo que quieran, pero no un mentiroso —Vigladio escupió las palabras mientras miraba desde arriba con desprecio— ¡Abran la reja y déjenlos salir! ¡Enchantria!
—Dime —Respondió la mujer araña desde el otro lado de las tribunas—.
—Encargarte de curar el brazo del niño herido mientras el resto hacen sus pruebas.
—Entendido.
—Breif, tú tienes que venir acá, quiero que seas testigo de lo que otros hubieran hecho en tu lugar —Señalando a uno de los secuaces al lado suyo, Vigladio ordenó— Tú, tráelo acá.
Uno de los secuaces saltó de las gradas, que estaban a unos dos metros sobre la arena, llegó hasta Breif y lo guió por un pasillo.
El joven secuaz tenía los ojos muertos y se encontraba tan abrigado que solo estos podían verse en su cara. En el pasillo donde iban había varias antorchas encendidas y en las paredes había varias rejas mecánicas, las cuales mantenían encerradas a criaturas completamente peligrosas pero que se ocultaban en la penumbra de sus celdas.
Para cuando llegaron arriba otros tres niños ya estaban abajo.
El secuaz ordenó a Breif a que se sentara, mientras tanto, Vigladio estaba dando las indicaciones que les dio a ellos, luego de que la pelirroja fuera asesinada, solo que esta vez lanzo el cuchillo antes de liberar a la bestia.
Abajo, en la arena todavía quedaban las piernas de la primera niña asesinada, y el brazo del rubio tirado cerca del centro. Los desafortunados esta vez fueron cuatro; un niño de cabello negro y alto, de aparentemente doce años; una niña alta y con la mirada perdida, de cabello rubio y de aparentemente quince años; y dos niños que se abrazaban mientras lloraban, se les veía muy pequeños así que Breif calculó que serian de su edad o menores.
— ¡Abran la reja! —Gritó Enchantria desde el otro lado—.
Dos lobos monstruo salieron del pasillo por donde había pasado anteriormente. Los lobos monstruo parecían tener unos dos metros de alto y unos cinco de largo y ambos poseían un pelaje de color gris oscuro. Apenas salieron hicieron un lento círculo a ambos lados del chico alto, apartando a los otros tres a los costados, lo que le dio la oportunidad a la chica alta de tomar el cuchillo.
Ambas bestias se lanzaron en menos de un segundo cuando quedaron alineadas con los hombros del joven, pero este respondió rápidamente levantando sus brazos y apuntándolos con sus palmas de las cuales salieron fuertes chorros de viento.
—Magia elemental ¿eh? Debe ser un descendiente —Dijo Vigladio mientras miraba interesado—.
Los lobos salieron disparados hacia los lados, pero en ese mismo instante la chica alta cargó contra el chico, con una velocidad solo comparable con la de una ave rapaz capturando a su presa, la chica pasó la daga por la tráquea del desafortunado joven, el cual cayó al suelo y encontró misericordia en la boca llena de dientes y colmillos del lobo.
Los dos niños de la edad de Breif, veían asustados como esa chica rubia se acercaba, con el lobo dando suaves pasos detrás de ella y viéndolos como si fueran conejitos recién nacidos.
—Lamento hacer esto —Dijo la rubia mientras una lagrima recorría su mejilla—.
El lobo arremetió contra los dos pequeños, La escena fue tan horrible que Breif apartó la mirada.
—Ya veo, ella usa magia humana. Aunque hubiésemos liberado una mantera posiblemente la hubiera dominado igual que a los lobos. Tráiganla.
Otro secuaz saltó y guió a la vencedora por el camino que Breif recorrió.
— ¿Cuántos niños quedan? —Preguntó Vigladio—.
—Diez, señor —Respondió un secuaz—.
—Sepárenlos en dos grupos de cinco y hagan que entren por grupo.
El secuaz obedeció de inmediato, separó a los chicos aleatoriamente y los llevo a la arena, algunos tuvieron que ser arrojados desde las gradas debido a que se encontraban tan asustados que se rehusaban con todas sus fuerzas a bajar.
Cuando llegaron abajo se dieron cuenta que dos de los tres que habían arrojado estaban muertos ya que sus cabezas golpearon duramente contra las piedras de la arena, lo que redujo el grupo a tres.
Los guardias simplemente los encerraron ahí, con los lobos monstruos que se estaban dando un festín con los tres cadáveres de los niños de la ronda anterior.
—Ya conocen las reglas —Dijo Vigladio mientras arrojaba el cuchillo—.
Un joven de cabello blanco agarró el cuchillo, vio a los dos niños menores que él a su lado, estaba temblando y llorando. El joven pasó el filo del cuchillo por la palma de su mano, haciendo que la sangre gotee. Con la herida de su mano abierta se acercó a los dos cadáveres más recientes, les dio la vuelta y les abrió la boca. Dejó la sangre gotear dentro mientras pronunciaba palabras en un lenguaje que con solo escucharlo parecía profano. Cuando terminó ambos cuerpos comenzaron a convulsionar, la carne muerte empezó a cambiar de forma, volviéndose gelatinosa, tentáculos empezaron a brotar de los restos humanos mientras la forma de estos se iba convirtiendo en una masa imposible de describir. Cuando la transformación estuvo completa, ambos montones de carne se habían convertido en una criatura cubierta de ojos, bocas y dientes, supuraba un viscoso liquido que corroía las piedras al caer sobre estas, y además tenía cuatro tentáculos de unos tres metros cada uno.
El monstruo profano era tan horrible que incluso los imponentes lobos monstruo dejaron sus alimentos y corrieron hacia el muro más alejado, a los pies de la tribuna de Enchantria. Mientras la bestia de carne reptaba hacia los animales se podía escuchar como estos chocaban sus garras contra la dura piedra en un intento desesperado por salir, y como los niños lloraban. Estaban incluso más asustados que antes.
Cuando la criatura estuvo frente a frente con los lobos los roció con un acido que los desintegró en cuestión de minutos.
—Señor Vigladio ¿Qué tipo de nigromancia es esa? —Preguntó uno de los secuaces mientras se cubría la boca evitando que su desayuno escapara—.
—Esa no es nigromancia, es magia esotérica. Ese chico será un verdadero problema —Dijo Vigladio mientras su mirada se tornaba sombría y se cruzaba de brazos— Hagan subir a los tres.
Antes de subir, el chico de cabello blanco corrió hacia esa abominación, la tocó y esta se desintegró completamente.
Luego de que los tres estuvieran arriba el último grupo de cinco ingresó en la arena. No se les veía nerviosos en lo más mínimo, todos seguían con la mirada a uno de estatura pequeña pero con barba y cuerpo musculoso.
Vigladio, un poco aburrido, arrojó el cuchillo y ordenó levantar la reja, de esta un pequeño pollo salió, era gordito, bajito y sus plumas eran tan blancas como la nieve.
—Oh no, el pollo salió, esto será una masacre —Dijo uno de los secuaces mientras se tapaba los ojos—.
—Veamos como afrontan el desafió del pollo —Dijo maliciosamente Vigladio, mientras colocaba las manos en sus piernas—.
«Hasta ahora, dos han mostrado sus habilidades mágicas, uno venció por destreza y el resto sobrevivimos por compasión, pero de verdad ¿Podrán estos chicos sobrevivir ante el cruel pollo? Si estuviera en su lugar seguramente habría preferido el suicidio» Pensaba Breif mientras miraba los rostros asustados de las personas alrededor suyo.
Los cinco jóvenes aparentemente comandados por el niño bajito y barbón dieron un paso atrás cada vez que el pollo caminaba tambaleante hacia ellos, el bajito recogió la daga y se puso en posición de pelea, el pollo al ver la actitud amenazante de la persona frente suyo decidió picotear un poco el brazo cercenado del rubio, el cual seguía tirado en la arena. Cuando el pico filoso de la ave arrancó el primer cacho de carne esta se transformó, el pico se abrió completamente y de el salieron dos enormes brazos escamosos, las patas del pollo se convirtieron en afilados cuernos, mientras de sus alas brotaban enormes y oscuras piernas humanas. El cuerpo del pollo se hincho de una manera exagerada, las plumas se cayeron dejando al descubierto la piel blanca del ave, esta se rasgó a la mitad y se abrió, dejando ver un ojo de lagarto que observaba al grupo de cinco, con una aura completamente asesina.
El pollo infernal levantó su enorme y masivo puño, en ese momento el niño barbón se lanzó a atacar el desprotegido ojo del demonio que tenían como adversario, el resto de chicos se lanzaron junto con él, creando la escena de valentía y compañerismo que Breif en su vida creyó ver.
El peso de los cinco sobre el cuerpo del demonio hizo que este tambaleara y terminara cayendo sobre su espalda, los niños se apresuraron en sujetar las extremidades de la abominable bestia, mientras el niño barbón aferró sus piernas alrededor del ojo pectoral para apuñalarlo, pero el demonio no se iba a dar por vencido. Con su colosal fuerza levantó su brazo derecho mandando a dos niños a volar, estos chocaron contra el muro y quedaron inconscientes. El barbón se apresuró también y hundió profundo la daga en el iris del pollo. Un montón de líquido ocular y sangre brotaban de la herida al tiempo que el pollo demoniaco se retorcía de dolor. Los tres que quedaban aprovecharon el momento de debilidad y se aferraron al cuerpo del demonio, una vez hecho esto introdujeron sus brazos en el monstruoso ojo del pollo, arrancaron a pedazos el mismo hasta que la cuenca quedó vacía. El pollo demoniaco cayó nuevamente, pero esta vez para ya no despertarse jamás.
El silencio reinó en el coliseo, pero solo fueron unos cortos minutos hasta que todos en las gradas saltaron de emoción y ovacionaron el valeroso desempeño en combate de los niños liderados por el barbón. Vigladio no fue la excepción, se puso de pie y con sus dos enormes manos aplaudió con una sonrisa que parecía venir desde el fondo de su corazón.
Luego del momento de deleite, Vigladio, los secuaces y los vencedores se reunieron con el grupo de cinco que seguían en la arena. Una vez los dos que fueron derribados despertaron, Vigladio dijo unas palabras:
—Todos ustedes fueron traídos a este lugar por distintos motivos, algunos no tenían donde ir e iban a morir en el crudo mundo. Otros mostraron debilidad, poniendo la vida de terceros antes que las de ustedes mismos. Otros simplemente mostraron emociones que llevaron a nuestro mundo a la ruina en la época heroica. Sea cual sea el motivo, ustedes acá aprenderán a no repetir los errores que llevaron a nuestra especie a la casi extinción. Es posible que mueran al igual que los que murieron hoy acá, o incluso en condiciones peores. Pero si sobreviven entonces la gloria del nuevo mundo les será concedida por nuestro señor, Visceral. Prepárense, los siguientes meses serán un infierno.
Vigladio terminó su monologo y se fue. El resto de chicos se miraron con rostros fríos y sombríos, pero Breif puso su foco en la espalda de Vigladio, y cuando ya estaba a una distancia considerable le pareció ver…

…Un rostro en su nuca.




Att: Black Argon (todos los derehcos reservados)
(Novela disponible en Tumanga Online)

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