La Travesía de Breif

1.1-La larva del caos.

Erase una vez una larva, que vagaba por el helado e infinito espacio ya que había sido rechazado por sus congéneres; el caos reptante, lo desterró automáticamente cuando vio como se desprendía del cuerpo de su padre, el sultán del caos. Desde ese entonces la larva se separó del centro del universo siendo repudiado por todos los dioses por un simple motivo: Inteligencia.
La larva presentó una inteligencia desarrollada e infinita, mucho mayor que la de su padre quien apenas era un amasijo de carne inconsciente de su propio poder. Por tal motivo los dioses temerosos de su inteligencia y poder lo desterraron, condenándole a vagar por el helado y basto universo. Después de algunos milenios, la larva dejó de pensar.
La roca espacial en la que se convirtió aquel trozo del sultán del caos, pasó cerca de un sistema estelar y después de vagar milenios por el universo fue atraída por la gravedad de uno de los planetas. Gracias al calor de la estrella madre de aquel sistema, la larva despertó de su letargo y viendo el  remoto confín del universo en el que estaba simplemente se dejó atraer por la gravedad de un planeta rocoso, pequeño y azul. La fricción de la atmósfera con la roca hicieron que estas se desprendan y el calor terminó de descongelar el gelatinoso cuerpo de la larva, agregándola completamente a la vida. Esta cayó en un campo enorme dejando un gran cráter como evidencia, pero la desgracia parecía empeñada en perseguirla en cualquier lugar del universo: Un hombre la encontró.
Ese planeta presentaba una especie inteligente, no tan desarrollada pero con claros signos de haber hecho contacto con los dioses exteriores más de una vez. Y desgraciadamente el hombre que la había encontrado era un devoto del caos reptante. Por eso apenas la vio recibió órdenes de su profano dios con las indicaciones de cómo sellar la vida de la larva, encerrando todo su poder en un libro, el cual pasó de generación en generación en la familia de este hombre durante muchos cientos de años, cada uno de estos, encerrada entre las hojas, sin que nadie abriera el libro.
Pero, después de doscientos o trescientos años de aprisionamiento uno de los descendientes de aquel viejo abrió el prohibido libro donde se encontraba sellado. Él joven y traidor hombre quemó el libro en una noche de luna llena, mientras dejaba caer gotas de la sangre de una serpiente en la hoguera. El sello se rompió y la larva se manifestó físicamente frente a aquel humano, quien la miraba con una expresión perdida, fría, rencorosa, dolida, destruida, claramente sin miedo a lo desconocido y listo para morir por lo que hizo.
— ¿Por qué me liberaste? —Preguntó la larva—.
—Quiero tu poder, por eso mismo quiero que poseas mi cuerpo y me des el poder que necesito para mi venganza. No me importa si después me matas, solo quiero vengarme.
La larva no percibió duda en las palabras de ese hombre, era un monstruo lleno de determinación y dolor.
—Un humano como tú, no merece un final tan dulce como la muerte. Más sin embargo me interesa esa mirada en tus ojos. No demuestras miedo, ni duda. No eres como tu ancestro quien me selló, no. Tú eres especial.
La larva se introdujo por la boca de ese hombre y una vez dentro disolvió su cuerpo, irrigando su poder profano por cada célula de aquella persona, dotándola de un poder inimaginable. Pero no fue aquel hombre el único beneficiado, la larva, quien aún conservaba su conciencia, pudo conectar con los sentimientos únicos que poseían los individuos de esta especie que se llamaba a sí misma “humanos” y en ese instante los comprendió. La ira, el odio, la alegría, la tristeza, la envidia, la lujuria, el rencor, la larva comprendió y tomó para sí mismo cada uno de los sentimientos de aquel humano y por fin comprendió lo que sentía.
En el momento que el hombre, con su abominable poder se dirigía a cumplir su venganza prometida, ella también se prometió algo a sí misma y eso fue…
—Yo también cumpliré mi venganza.



— ¿Papá de quien se quería vengar ese hombre?
—Esa es una historia para más tarde, Nafer. Ahora niños los tres a dormir.
—Está bien papá.
El hombre rubio cerró el libro de cuentos y se dirigió al enorme portón de madera, dejando a sus hijos a su espalda, a la merced de una sombra que parecía invencible.

Att: Black Argon (todos los derehcos reservados)
(Novela disponible en Tumanga Online)

Comentarios