La Travesía de Breif

2.3-La amargura de los sometidos.

Ante los ojos del guerrero con la capa de plumas de cuervo, destruida pero aun orgullosa se irgue la muralla de Ygg-terumade, la capital del reino Gilgan, dirigido por el Rey Kio, descendiente directo del antiguo rey héroe Gilgamesh; fundador del, hoy ya caído en ruina, imperio.
En sus tiempos de gloria, Ygg-terumade era una maravillosa y rica metrópoli, sus calles rebosaban en actividad, sus mercados explotaban con los productos más exóticos y extravagantes que hayan visto alguna vez ojos de este continente. Cada mes,  los grupos de héroes regresaban con enormes y peligrosas bestias que capturaban para el entretenimiento de los ciudadanos, en circos y teatros, para la formación obligada de pactos con héroes novatos o para que se dispongan a los investigadores, que desmembraban estas criaturas para mapear cada centímetro de sus organismos.
Ygg-terumade fue la ciudad rica de un imperio rico, no solo por las conquistas heroicas, si no por el propio aprovechamiento de la tierra; La cadena de la espina durante una buena cantidad de años en el pasado fue una fuente de energía volcánica y constantes terremotos, con el pasar de los años dotaron a esas tierras de una fertilidad incomparable, además la constante actividad sísmica y volcánica hicieron que la montaña se llenara de minerales altamente valiosos, de esa manera tanto Ygg-terumade como el resto de ciudades del imperio se volvieron tremendamente ricas, lugares donde todo el mundo quería vivir.
—Mírenla ahora —Dijo Viseral mientras se paseaba por las calles de la ciudad, desoladas y cubiertas de niebla— Los edificios que una vez fueron de oro, ahora están reducidos a escombros. Las grandes torres de las academias de ciencias, magia y de guerra ahora son ruinas donde ni el más despreciable ser vivo quisiera habitar. El majestuoso templo a los altísimos ahora no es más que polvo negro. Qué lugar tan deprimente.
— ¿Y quién tiene la culpa de eso? —Preguntó alguien escondido entre la densa niebla—.
—Gilgamesh, y el resto de los héroes. Ellos fueron culpables de la caída en ruina del imperio, de los reinos vecinos y de la misma humanidad —Respondió el rubio, sin dudarlo un segundo—.
La niebla violeta que cubría el ambiente se disipó en un instante. Frente a él había una fuente de agua hecha de mármol, en el contorno de esta un hombre de armadura blanca, cabello largo y de color negro oscuro, cara arrugada y demacrada y con una gran y hermosa espada en sus manos, lo mira amenazantemente.
— ¿Me recuerdas? Maldito heraldo del mal.
—Tu cara, se me hace familiar —Respondió Viseral, sin prestar mucha atención realmente—.
—Hace veinte años, cuando aún era un niño, unos tipos usaron mi aldea como un laboratorio, donde experimentaban con sus recientemente adquiridos poderes para dominar el tiempo. Tú y tu grupo llegaron a mi aldea, guiados por el rencor generado por la muerte de quien los había ido a buscar. Ustedes cuatro lucharon contra esos tres monstruos y estuvieron a punto de ganar, pero una persona apareció en ese instante, y usando un poder inconmensurable unió a esos tres en un solo ser, dando nacimiento a un dios capaz de controlar el tiempo. Todo parecía perdido para ustedes y para mi aldea, pero yo robé la fuente de poder de esos tipos: Un huevo del dragón del tiempo, con el cual hice un contrato y adquirí la misma habilidad de ellos. Al final nosotros cuatro logramos derrotar a ese monstruoso dios, la persona que se interpuso desapareció pero dejo sobre nosotros una enorme sombra invencible. Pero tú, tú de entre todos quedaste marcado por la determinación. En ese momento decidiste cual era tu camino. Nos dijiste a nosotros que “No hay nada más poderoso que la voluntad de un pueblo” que “No tenemos porque entregar nuestra libertad a un monstruo que no es nuestro rey”. Nos diste ánimo a luchar, a recuperar lo que es nuestro, a liberarnos de las heridas de nuestro pasado. Durante mucho tiempo fuiste el símbolo de todos, “El héroe renacido” “El estandarte de la verdad” “El elegido por el fuego” “El fuego de los héroes caídos” “El fuego del pueblo” “El fuego de la humanidad”. Mírate ahora, hablando de cómo esta ciudad cayó en ruinas, cuando tú no eres más que un héroe venido en desgracia.
 —No, esta ciudad cayó por culpa de la corrupción de Gilgamesh. Ellos fueron la enfermedad terminal, ellos y todo el resto de héroes del mundo. Por eso los maté, purgue a la humanidad del peor cáncer. Ellos se creían superiores solo por tener las bendiciones de los dragones, pensaron que podían dominar todo, incluso por encima de los mismos dioses. Descuidaron a su pueblo, hicieron que las personas pasaran hambre por sus guerras sin sentido, hicieron que niños inocentes murieran para que ellos pudieran demostrar su valía como “héroes” pero ¿Realmente tiene sentido llamarlos así? Yo me autoproclame “villano” para tomar la vida de ellos, pero ¿Soy yo el que hizo el mal? Detuve las guerras, la corrupción, la envidia. ¿No es todo más puro así como ahora? ¿No es esta una humanidad correcta? No es por nada que secuestro niños que se comportan como héroes, no quiero que esa semilla corrupta vuelva a aparecer en nuestra especie. Aunque me llamen villano, yo soy el salvador de la humanidad.
Un abrumador silencio se apoderó de todo el lugar, pero no duro mucho. Desde algún lugar de la niebla, la melodía de una flauta suena en una triste y melancólica canción, al ritmo de esta, el caballero blanco se pone de pie, su porte de dos metros y lo abultada de su armadura lo iguala a un gigante.
—Ya veo, tus recuerdos y los de él están mezclados ¿verdad? Eso significa que aun no estás completamente asimilado —Dijo el caballero mientras reía— Hoy te repetiré esas palabras a ti, no soportare más ver a mi legítimo rey, al cual nos costó mucho tiempo encontrar, sometiéndose ante tu monstruosa y aberrante figura. Nadie más va a volver a postrarse ante ti. El día de hoy tomaremos nuestra voluntad y decisión, no aceptaremos ser gobernados por alguien como tú. El día de hoy pondremos en nuestra espada, nuestro propio destino.
En un solo instante, Viseral cargó contra el caballero blanco, desenfundo su espada en un solo segundo y antes de tan siquiera tocarlo se dio cuenta que estaba en el mismo lugar de antes, la distancia entre él y el caballero era la misma.
—Espere veinte años —Dijo el caballero blanco, mientras apuntaba su hermosa espada hacia Viseral, y al mismo tiempo esta tomaba un color azul— Prepárate pare recibir el inconmensurable poder del ejercito de Gilgan. ¡Breif!
— ¡Te matare! ¡Neteruuuuuuuuuu! —Gritó Viseral, mientras una enorme masa de carne brotaba de su espalda y al mismo tiempo


Cáp. 2.2: "Eres tú o él"


Att: Black Argon (todos los derehcos reservados)
                                                                                 (Novela disponible en Tumanga Online) 

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