La Travesía de Breif

 1-El cobarde y el forastero.

En un terreno completamente desolado, rodeado de magma y estéril, el joven hombre se encontró con aquella persona que durante diez años había sido su más profunda pesadilla.
—Ambos sabíamos que esta historia terminaría así, durante diez años seguí el apestoso rastro de tu cobardía, y hoy por fin me das la cara. Y veo que aquel niño ya es todo un hombre.
Aquel joven ignoró las palabras provocativas de ese sujeto, por lo contrario levantó la mirada para ver el cielo, el cual permitía ver la abismal negrura del universo. Luego de apreciar el astral panorama, él volvió a mirar a ese hombre, y con una voz completamente llena de determinación dijo las palabras que marcarían el último y ansiado giro en su vida.
—Incluso en el más profundo de los abismos, hay brillantes astros que se atreven a enfrentar al mal. ¡En guardia! ¡Viseral!
Ambas fuerzas chocaron en el campo de batalla, un potente haz de luz cubrió todo y…
— ¡Nieve en la cara!
— ¡Aahhh!
—Breif, despierta, mamá quiere que me ayudes a buscar leña y frutos.
Al igual que todas las mañanas desde que cumplió diez años -hace relativamente poco- el joven Breif se veía obligado a colaborar con las tareas del hogar, tales como la recolección de leña, frutos en el bosque blanco y el cuidado de las Bufaratas (animales que evolucionaron a partir de un pequeño roedor llamado rata y son usados para la ganadería los productos obtenidos de ellos son: carne, lana, leche, grasa, cuero entre otros)
Muy de mala gana el niño se levantó de su cama, sentía una ligera confusión por algo que le pareció haber soñado, pero no lograba recordarlo del todo bien. Con gran rapidez se puso encima una enorme cantidad de pieles -que lo hacían más semejante a una bola peluda que a un niño- que lo protegían del invierno, el cual lo había acompañado desde el momento que nació.
Al terminar de arreglarse, bajó las escaleras y vio a su madre con  una cesta llena de huevos de Serpenllina (una especie de reptil que poseía plumas en todo su cuerpo, carecía de extremidades y además era poseedor de una mordedura ligeramente venenosa para un niño, más no para un adulto) ella al verlo bajar le dio los buenos días, y le dijo que se apresurara con la leña si quería comer huevos fritos esa mañana. Motivado por el nutritivo desayuno el chico corrió a la entrada, se puso sus botas de nieve y a toda velocidad alcanzó a su hermana mayor, que ya estaba a medio camino del bosque.
El poblado donde vivían se concentraba únicamente en la ganadería de Bufaratas y Serpenllinas para la venta de sus  subproductos, cada uno de sus más de cuatrocientos habitantes tenían de seis a ocho animales. El terreno era idóneo para que las Bufaratas pastaran ya que el pueblo estaba entre una gran cadena montañosa conocida como “la espina” y el bosque blanco, y separando al pueblo del bosque, una gran extensión de campos cubiertos por nieve. Debajo de esta crecía un robusto y duro tipo de pasto que tenía una gran raíz la cual era comestible y además servía como alimento de las Bufaratas.
— ¡Lucille!— Gritó Breif, mientras salía vapor de su boca
— ¡Breif! Me estaba aburriendo de ir lento. ¡Cuidado con pisar la cola de las Bufaratas!
— ¡¿Qué?! Waaaaah
Breif dejó escapar un grito, luego de que accidentalmente piso la larga cola de uno de estos animales, que estaban pasteando en gran numero por la zona. El enojado y gran mamífero se dio la vuelta y dentello sus enormes incisivos frente a la cara del niño. El asustado Breif se cayó de trasero en la nieve pero rápidamente se reincorporo para correr hacia donde estaba su hermana, quien al verlo se rió con mucha fuerza por lo asustado que estaba el niño. Pasado el pequeño percance ambos caminaron mientras charlaban de temas varios un largo rato, hasta que finalmente llegaron al Bosque Blanco.

El bosque era en su mayoría viejos pinos con varias centenas de años de antigüedad, todos ellos habían perdido el color verde de sus finas hojas y lo reemplazaron por un inmaculado color blanco. La nieve acumulada en las copas de estos también jugó un importante papel a la hora en que se le otorgó ese nombre al bosque.
 El sonido de sus pasos sobre el suelo cubierto de nieve y ramas secas delataba la presencia de los dos hermanos en el bosque, muchos pequeños animales se escondían al ver humanos y por tal motivo Breif se encontraba ansioso, preguntándose si conseguiría ver alguna ardilla esta vez.
—Lucille ¿Qué tipo de fruto estamos buscando?
—Ahora que recuerdo es la primera vez que te encargan recoger estos, se llaman Latimoras, son los frutos de una planta carnívora que crece en la base de los pinos. Se alimentan de pequeños animales como ardillas y crías de Bufaratas y usan el dulce fruto como cebo. Ya con tu tamaño no deberías tener problemas con una de estas, así que no te preocupes.
No pasó mucho tiempo hasta que Lucille localizó una de estas plantas. Esta tenía un grueso tallo que se enterraba junto al de los pinos, además tenía sarcillos que lo sujetaban al tronco de su compañero, para agregar tenía una mata de frutas colgando. Estas eran de color anaranjado y eran medianas en tamaño, con forma ovalada y una al lado de la otra en grupos de ocho. Este racimo estaba en el centro de una flor abierta de cuatro pétalos largos y gruesos, con los bordes bordeados por espinas. Estos dos elementos juntos eran aparentemente la boca de la planta.
—Mira Breif, esa es. Lo único que tienes que hacer es tomar el racimo entero y arrancarlo rápidamente, fíjate que todas las frutas están unidas a un solo tallo que está conectado con el centro de la flor, si lo arrancas de una vez no le harás mucho daño a la planta.
—Hermana aunque digas eso, el aspecto que tiene es bastante aterrador ¿Qué pasara si sus pétalos con dientes se cierran sobre mi brazo? ¿No me hará daño? ¡No quiero morir!
—Breif, si eso ocurre solo tendrás algunos rasguños. No tengas miedo. Anda ve, sabes que las comidas que hace mamá cuando le llevo estas frutas son deliciosas.
Incentivado por las palabras de su hermana, Breif tomó un trago de valor y sigiloso caminó hasta llegar a la planta. Una vez allí con extremo cuidado extendió la mano hacia el racimo pero, gracias a su nerviosismo, el sonido de ramas rompiéndose atrás suyo lo asustó, y rápidamente sacó la mano y cayó de trasero sobre el suelo del bosque. En el suelo el asustado niño vio a sus alrededores y divisó una joven Bufarata, esta estaba a su lado viendo el racimo de Latimoras.
— ¿También quieres una amiguito? —Dijo Breif, sin esperar una respuesta—.
Sin previo aviso el peludo y pequeño animal dio un salto directo hacia el racimo de frutas, pero apenas las tocó los cuatro pétalos se cerraron abruptamente sobre el desgraciado animal. Las espinas que bordeaban los lados de los pétalos se enterraron fácilmente en la blanda carne de la Bufarata, esta empezó a chillar desesperada en busca de ayuda pero no parecía que su madre estuviera cerca.
— ¡Breif!
Al ver la escena Lucille se acercó corriendo hacia su hermano, quien vio todo el cruel espectáculo natural en primera fila.
—Breif tranquilo, estas cosas suceden es natural es el curso de la vida. Por favor no llores, sé que es la primera vez que ves algo así. Tranquilo dejemos esto, vayamos a casa.
Lucille dijo esto mientras trataba de animar y levantar a su hermano, extendiendo su mano ella trato de tomar la de Breif, pero este la apartó y se puso de pie por su cuenta.
El joven Breif no levantó su rostro pero su hermana sabía que estaba llorando. Él apretó los puños y los dientes mientras la pobre cría seguía chillando de dolor, movido por el desgraciado animal Breif metió sus delgados dedos entre la comisura de los pétalos y con toda la fuerza que su cuerpo le permitía ejercer logró abrir la boca de la planta, liberando al animal del peligró, pero este había perdido algo de sangre y se encontraba cansado por el forcejeo inútil que hizo para liberarse, por lo que apenas pudo dar unos pasos antes de caer de panza sobre la nieve.
Lucille motivada por el heroico acto de su hermano menor tomó al pequeño animal en sus manos dándole abrigo. Ella con una gran sonrisa quería felicitar a Breif, pero alguien apareció de entre los árboles.
— ¡Que maravillosa escena! Realmente me quedé anonadado por tu valentía niño. ¿Cuál es tu nombre?
Un hombre alto, de piel blanca y cabello largo y rubio, con cara ancha, ojos cerrados, expresión serena y vestido con un gran manto negro cubierto de plumas de cuervo apareció por entre los árboles, el no se veía como alguien familiar. Inmediatamente apareció Lucille se colocó entre él y su hermano para protegerlo, y lentamente lo obligó a retroceder.
— ¿Quién es usted? No parece ser un habitante de esta aldea —Dijo Lucille mientras alejaba a Breif de ese hombre—.
—Efectivamente, soy un viajero. Casualmente terminé en este lugar. No figura en ninguno de los mapas que tengo.
— ¡Esta aldea no permite extranjeros! ¡Por favor de media vuelta y retírese!
Tomando al animal y a su hermano, Lucille dio media vuelta y corrió de regreso a la seguridad de su comunidad. Breif volteo a ver antes de que la figura de ese hombre se perdiera entre la espesura de los árboles y vio como estaba de pie, con unos enormes ojos color esmeralda clavados en ellos, y una sonrisa que, por primera vez en su vida, le despertó una sensación de horror.
Una vez llegaron a la aldea Lucille ordenó a Breif quedarse en su cuarto por el resto del día. Por su ventana el joven niño podía ver como todos los adultos estaban alterados, moviéndose de un lado a otro cargando materiales y armas. El no podía entender lo que ocurría, lo único que sabía era que el miedo que le despertó ese hombre no era mínimamente normal.
Breif, luego de pasar unas horas leyendo cayó en un profundo sueño.
Más que sueño, el joven niño tuvo la pesadilla más horrenda hasta ahora, donde predominaba el color rojo del fuego y la sangre, y los gritos de dolor y pavor. Las siluetas  que veía no eran reconocibles pero las observaba luchando, muriendo, matando, robando, llorando.
—No mi joven niño, no es un sueño.
El hombre rubio del tapado de plumas estaba en la habitación de Breif, su espada goteaba sangre y el fuego devoraba insaciable las paredes de madera de la cabaña. El joven niño cerró los ojos mientras las lágrimas caían como cascada de estos.
— ¡Es un sueño! ¡Es un sueño! ¡Es un sueño! ¡Lucille me despertara! ¡Ella me tirara nieve como todas las mañanas!
El hombre del tapado, con un puñetazo en el estomago dejo inconsciente al niño, lo tomó de la ropa y se lo cargó al hombro para luego desaparecer entre las llamas.






Att: Black Argon (todos los derehcos reservados)
(Novela disponible en Tumanga Online)

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